Simeone

El nombre de Giovanni Simeone comienza a sonar cada vez con más fuerza en el fútbol europeo. Su temporada de debut en la Fiorentina ha cumplido sin duda con las expectativas generadas después de haber rendido a buen nivel en el Genoa, y tras sustituir con acierto a Kalinic -que dejaba un vacío importante tras marcharse al Milan el pasado verano- la gran pregunta es si el hijo del Cholo está preparado para jugar en un escalón superior.
Injusto o no, la figura de su padre debe estar presente en el análisis de su juego, porque ya sea por genes o bien porque el entrenador del Atlético de Madrid le ha inculcado algunos conceptos innegociables de su visión del fútbol, el delantero viola los muestra cada fin de semana sobre el terreno de juego. No hay duda de que para valorar el conjunto de sus virtudes y defectos hay que poner sobre la mesa la pasión con la que entiende el juego.
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Probablemente a partir de ahí haya podido crecer en la élite del fútbol europeo. Su ética de trabajo está muy relacionada con los parámetros que el Cholo ha inculcado a sus equipos, y a partir de ahí ha podido solucionar un problema de base técnica que ha conseguido equilibrar, especialmente, en el presente curso. Gio Simeone es un delantero muy sacrificado en la presión, sea cual sea la zona que le pida Pioli apretar; a los centrales, a los laterales, o al mediocentro, si el técnico decide buscar la salida rival, tiene un argumento valiosísimo en su delantero centro para llevarlo a cabo.
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Ese ímpetu se traslada a todas las acciones de pelota dividida, lo que le convierte en un jugador tremendamente útil en situaciones de transición directa. Si su equipo no tiene la pelota, un envío en largo sobre Simeone se transforma en una oportunidad para ganar metros. Sin ser un velocista, su carrera en espacios largos es buena y su uso del cuerpo para luego disputar el cuerpo, su gran arma. Como único punta, es un estilo de delantero que permite a su equipo poder acercarse al área rival a pesar de que en ese momento esté jugando muy cerca de la suya.
El gran problema del argentino ha sido de finura, pero en su primera temporada en Florencia ha ganado bastante soltura en su juego de apoyos. Sin ser un futbolista aún limpio en todas esas recepciones de espaldas, cada vez ha reducido más sus pérdidas, y eso le ha permitido poder estar más conectado al juego en unos ataques posicionales en los que, en cualquier caso, su gran virtud es cargar el área cuando la pelota llega a banda. Tanto en movimiento al primer palo, como quedando atrás si la jugada lo requiere o rompiendo al segundo, Gio tiene instinto asesino en ese tipo de movimiento, lo que le hace engordar sus cifras goleadoras.
Sin duda, en esa evolución ha sumado un Stefano Pioli que, después de varios meses en la Fiorentina, ha dado con un sistema que le ha potenciado a través de los dos jugadores más capaces de generar ocasiones del equipo viola: Saponara y Chiesa. Pioli ha apostado por un 4-3-1-2 pero con funciones distintas para sus puntas -Chiesa y Gio-, con Saponara jugando en el vértice alto del rombo. De esta forma, el entrenador viola se ha garantizado dos jugadas que han acercado al gol a Gio Simeone, y le ha permitido encontrarlas, además, en los dos escenarios que mejor domina: el remate tras centro lateral y el pase al espacio.