Liverpool

Los datos son de lo más sintomáticos: el Liverpool es, a estas alturas, el 11º equipo que más tiempo ha tenido el balón en esta Champions (51,91%), tan solo unas décimas por encima del Atlético de Madrid y por debajo, en cambio, de otros como el Sevilla (4º), Benfica (6º) o United (7º); pero por otro lado reina, con una diferencia de hasta diez goles con su perseguidor más cercano (Real Madrid), el registro de tantos (40). Sin embargo, hay dos guarismos más que definen a este Liverpool: lidera, y con mucha distancia con respecto al resto, el hecho de ser el conjunto que más pases erráticos ha acumulado en campo rival (964; 220 más que la Roma, segunda en esta clasificación). Y es el cuarto (237) que más falla en su propia mitad. Unos números que, correctamente contextualizados, podrían arrojar ciertas pistas acerca del dibujo, la cota y las piezas –así como la actitud de estas- que escoja Zinedine Zidane.
Tenemos todas las camisetas de tus equipos y selecciones favoritas para adulto y niño
A pesar de lo mucho y muy bien que se mueve y ofrece Jordan Henderson, al Liverpool, dentro de la Premier, le ha costado mucho sacar el balón limpiamente desde atrás. Su posesión, en el momento que esta debe partir desde más abajo, no cuenta con los automatismos ni la calidad (individual) suficiente como para dominar desde el pase. Y muy poco probable parece que lo logre ante un Madrid que, presumiblemente, reunirá sobre la zona a Casemiro, Kroos y Modric. Lo suyo, a tenor de lo que ha venido enseñando a lo largo de todo el curso, es presionar arriba y hacia delante –un contexto que, este sí, potencia el ímpetu de Henderson y del tridente-, para recuperar lo más alto posible; y castigar en ese instante en el que el rival y el escenario, como sucede en todos los encuentros, habiliten esos espacios.
Camisetas de fútbol de selecciones nacionales del Mundial 2018, no te pierdas!
El Liverpool exige un desgaste físico y mental muy superiores a los de la media; ya que castiga como pocos el error ajeno. Y, en base a ello, Mohamed Salah no guardan parecido con el de hace dos años. El extremo egipcio, con Firmino y Mané a su misma altura dentro del sistema 4-3-3, ha visto cómo, pudiéndose acercar –en sintonía con sus otros dos compañeros- unos metros más cerca del pico del área, ha ganado un tiempo y un espacio que ahora, con más energía en sus piernas que cuando estaba en Roma, le ha permitido mejorar en otros aspectos como el regate y la finalización en los últimos metros. Porque, en resumen, este Liverpool no solo corre muy bien hacia el ataque, sino que Firmino, moviéndose lejos del área rival, es lo más parecido a un centrocampista que juega como delantero; Mané, que arranca desde fuera, le ha cogido gusto a eso de cruzarse hacia dentro; y Salah, a diferencia de su paso por la capital italiana, no solo galopa, también controla, respira, levanta la cabeza y después, en función de donde reciba, decide si echa a correr, pasar o entrar al área regateando. Esa, sintetizando, es la verdadera amenaza de este Liverpool: todo el mundo conoce a Salah, Firmino y Mané pero nadie, salvo ellos mismos, sabe dónde localizarlos. Y, sin ello, no hay una fórmula que pruebe cómo detenerlos.